PULSO CREATIVO

En la última década, el Premio Pritzker ha premiado arquitectos que priorizan el contexto social, el territorio y la vida cotidiana por sobre el objeto arquitectónico, tendencia que se confirma con el reconocimiento al chileno Smiljan Radić en 2026.

Desde su creación en 1979 por la familia Pritzker en Chicago, el premio se ha consolidado como el reconocimiento más influyente de la arquitectura contemporánea. Su objetivo es distinguir a arquitectos vivos cuya obra impacta tanto el entorno construido como la forma en que habitamos el espacio.

Con el paso del tiempo, el galardón ha ampliado su foco. Ya no solo reconoce obras icónicas, sino también prácticas que abordan la relación entre arquitectura, sociedad y territorio desde una perspectiva más amplia.

Ganadores del Premio Pritzker en la última década

En 2016, el chileno Alejandro Aravena fue distinguido por una práctica que cruza diseño, investigación y políticas públicas. Desde ELEMENTAL, ha desarrollado proyectos de vivienda y reconstrucción, como el plan maestro de Constitución tras el terremoto y tsunami de 2010 en Chile.

En 2017, el premio reconoció a los españoles Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramon Vilalta —RCR Arquitectes—, cuya obra se caracteriza por una fuerte relación con el paisaje y el uso expresivo de materiales como acero, piedra y vidrio.

En 2018, el indio Balkrishna Doshi fue premiado por una arquitectura vinculada al clima y a la vida colectiva. Su trabajo integra patios, sombras y recorridos, y plantea la vivienda como un compromiso social.

En 2019, el japonés Arata Isozaki fue reconocido por una trayectoria internacional marcada por la posguerra y por su exploración de la relación entre memoria, cultura y forma.

En 2020, las arquitectas irlandesas Yvonne Farrell y Shelley McNamara —Grafton Architects— fueron premiadas por más de cuatro décadas de trabajo centrado en la escala humana, la luz y el espacio público.

En 2021, los franceses Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal fueron distinguidos por una idea clara: transformar antes que demoler. Sus proyectos de vivienda social demuestran que adaptar y ampliar puede mejorar la calidad de vida sin desplazar a los habitantes.

En 2022, el arquitecto burkinés Diébédo Francis Kéré profundizó esa dimensión social con proyectos construidos junto a comunidades, utilizando recursos locales y estrategias climáticas pasivas.

En 2023, David Chipperfield fue premiado por su enfoque en la responsabilidad cívica y la protección del patrimonio. En 2024, Riken Yamamoto investigó los límites entre lo privado y lo colectivo, promoviendo formas de convivencia. En 2025, Liu Jiakun fue reconocido por una práctica centrada en la identidad local y la vida cotidiana.

Finalmente, en 2026, el Premio Pritzker reconoce al arquitecto chileno Smiljan Radić Clarke, marcando un nuevo hito para Chile en el principal galardón de la arquitectura mundial. Su obra se mueve entre lo permanente y lo frágil, explorando la tensión entre estructuras duraderas y construcciones efímeras. Sus proyectos buscan generar experiencias con carga emocional, capaces de interrumpir la inercia cotidiana y abrir nuevas formas de percepción.

Los últimos ganadores evidencian un giro claro: la arquitectura se entiende cada vez más como una práctica situada. La sostenibilidad, la comunidad y la continuidad cultural dejan de ser conceptos abstractos para convertirse en criterios concretos de diseño. Más que formas aisladas, las obras responden a condiciones específicas —clima, recursos, historia y modos de habitar— reafirmando el papel de la arquitectura como herramienta crítica frente al presente.

Por Javiera Lillo

Fotografía gentileza de The Pritzker Architecture Prize