El poder de las flores 

En el trabajo de Kiana Underwood, artista floral estadounidense, las flores no funcionan como adorno, sino más bien son una forma de expresión. Sus composiciones construyen atmósferas y dejan una impresión que permanece más que el propio arreglo. Aunque hoy es reconocida internacionalmente por su enfoque artístico del diseño floral, su camino no comenzó allí. 

Estudió relaciones internacionales con la intención de convertirse en diplomática. Tras trabajar como asistente de investigación y luego dedicarse varios años a la crianza de sus hijos, su trayectoria tomó otro rumbo. Durante ese tiempo, las flores siempre estuvieron presentes en la vida cotidiana de Kiana, aunque nunca imaginó que podrían convertirse en su profesión. Fue recién entonces cuando, por sugerencia de su marido, el empresario Nathan Underwood, comenzó a explorar el diseño floral como un posible proyecto. 

Al dedicarse a trabajar con flores de manera más seria, descubrió una pasión que ya no abandonaría. Lo que partió como una idea terminó convirtiéndose en Tulipina, estudio floral radicado entre Nueva York —Estados Unidos— y Como —Italia—, reconocido internacionalmente por su propuesta artística y su uso expresivo del color. Para la diseñadora, innovar no significa empezar de cero, sino trabajar a partir de lo que ya existe. 

«Para mí, experimentar no es rechazar lo tradicional, sino hacerlo propio», explica. Desde esa mirada, sus arreglos surgen de pequeños actos: combinaciones de color inesperadas, variaciones de escala o formas clásicas reinterpretadas. «La innovación surge más de la contención que de la novedad», resume.

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—Por Javiera Lillo. Fotografía KT Merry; Nathan Underwood; Umberto Armiraglio; Audrey Neracoulis.