Manos que guían
Siempre he pensado en la potencia que tienen las manos. En cómo, de alguna manera, saben lo que quieren hacer antes incluso de que uno lo entienda del todo. No soy científica ni nada, pero siento que el cerebro va guiando ese impulso, como si te indicara el camino. Ves unos palillos y te dan ganas de tejer. Tomas un pincel y aparece la necesidad de pintar. Y las manos simplemente obedecen.
Creo que así funciona la artesanía. Hay algo que nace en el pensamiento —o quizás en un lugar más profundo, en el subconsciente— y se traduce en acción. Las manos expresan lo que uno quiere decir, incluso cuando no sabemos bien cómo explicarlo. Es un lenguaje propio, pero muy claro. Muchas veces se piensa que hay personas que tienen habilidades manuales y otras que no. No creo tanto en eso. Siento que es algo que se puede desarrollar, porque es inherente al ser humano. Todos, de alguna manera, tenemos esa capacidad de hacer, de construir, de crear con las manos. Es casi un impulso natural, una forma de expresión que está ahí, esperando salir.
También tiene que ver con lo que uno necesita en ese momento. Si buscas tranquilidad, si quieres bajar el ritmo o despejar la cabeza, las manos aparecen como una respuesta. Ayudan a concentrarte, a ordenar la mente, a encontrar cierto equilibrio interior. Hay algo muy bonito en eso, en esa conexión entre lo que sentimos y lo que hacemos.
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