Raquel Aguilar. Tradición y Belleza

Desde temprana edad, Raquel Aguilar ha estado vinculada al tejido en fibras vegetales, un oficio que aprendió de manera autodidacta observando los trabajos que realizaban sus familiares y vecinos. Con fibras nativas de la Región de Los Lagos, cada pieza logra hacer relucir el talento de su creadora, pero también la carga histórica que este arte posee.

«Crecí junto a un bosque, sin televisión ni electricidad; todo lo que me estimuló y motivó en la infancia fue la naturaleza, desde los seres más pequeños hasta los enormes árboles. La naturaleza se volvió más cotidiana para mí que relacionarme con otras personas, debido a la gran distancia al pueblo más cercano», recuerda con nostalgia.

Esta historia personal con el entorno natural le facilitó iniciar su aprendizaje durante la adolescencia, cuando compró un pequeño cesto en el mercado para volver a tejerlo. Fue su madre quien, poco a poco, la instruyó sobre la tradición que este oficio tiene en su familia.

«Mi madre me hablaba de mi bisabuela, Candelaria Legue, una mujer que tejía los canastos para limpiar trigo, mariscar, cosechar papas… y que solo hablaba su lengua originaria, la cual con el tiempo se fue mezclando con el español. Aprender a tejer fue recordarla y traer un pedacito de ella al presente».

Así fue como aprendió a trabajar con manila y junquillo, fibras que se encuentran relativamente cerca de su casa. Más adelante experimentó con la quilineja, que terminaría convirtiéndose en uno de sus materiales favoritos. A medida que siguió perfeccionando su técnica, su conexión con el bosque se hizo aún más profunda, permitiéndole contemplar la naturaleza con una mirada mucho más consciente.

@desdelalluvia_

Por Maite Agurto

Fotografía Martha Suárez.