PATRIMONIAL

¿Por qué estudiar una profesión creativa?

Con frecuencia, cuando se habla de creatividad en los medios o en la conversación cotidiana, se la asocia a espacios lúdicos, subjetivos o incluso irrelevantes para la economía. Se instala la idea de que crear es un acto intuitivo, reservado al arte, la entretención o al famoso «trasnoche del artista», excluyendo de este proceso a los datos duros, la planificación o el pensamiento crítico. Sin embargo, esta dicotomía entre intuición y racionalidad ha sido ampliamente superada por los estudios contemporáneos sobre creatividad aplicada.

Diversas publicaciones —como las aparecidas en la revista francesa Connaissance des Arts— han señalado que los profesionales que integran procesos creativos en su quehacer cotidiano tienden a generar entornos más colaborativos, productivos y emocionalmente sostenibles.
La creatividad, lejos de ser un acto espontáneo y aislado, se revela como una capacidad estructural que vincula ambos hemisferios del pensamiento: el analítico y el imaginativo.
En este sentido, es urgente desmontar el prejuicio que margina a la creatividad de los espacios técnicos, científicos o económicos. Cuando el arte y sus oficios se alejan de una técnica moderna entendida únicamente como racionalidad instrumental —aquella que «endiosa», como decía Ortega y Gasset, la eficiencia desprovista de sentido—, se pierde una posibilidad valiosa de integración entre saber y sensibilidad.
Chile es un caso elocuente. Las disciplinas creativas como las artes visuales, la arquitectura o la conservación del patrimonio no solo han mejorado su empleabilidad en los últimos años, sino que han demostrado su impacto social. Basta observar los más de tres millones de personas que participaron en la reciente celebración del Día de los Patrimonios.

@carlosmaillet